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“Volver a Nacer”, reciente publicación autobiográfica de Asunta Terán Reátegui

El último martes se presentó el libro autobiográfico de la Periodista Asunta Terán Reátegui, acto protocolar que tuvo lugar en el Auditórium de la Municipalidad Provincial de Chachapoyas, y estuvo presidido, a petición expresa, por el Alcalde de la Municipalidad Provincial de Utcubamba, Milecio Vallejos Bravo.

La presentación estuvo a cargo del Decano del Colegio de Periodistas de Lima, el Lic. Oscar Olortegui Chávez, en ausencia de la autora; mientras que el análisis del contenido de la publicación, la realizó el Licenciado Elizalde Cruz Tejedo.

A continuación se transcribe en su totalidad el análisis y comentario realizado por Elizalde Cruz Tejedo.

 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “VOLVER A NACER”

Autor             : Asunta Victoria Terán Reátegui

Presentador: Elizalde Cruz Tejedo.

Lugar             : Auditorio de la Municipalidad Provincial de Chachapoyas

Fecha            : Martes 06 de agosto de 2013

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Es para mí un honor realizar la presentación del libro “Volver a Nacer” de la periodista y gran amiga Asunta Victoria Terán Reátegui.

Mi amistad con ella nace en la querida emisora del Obispado de Chachapoyas, Radio Horizonte el año 1995, recuerdo que cuando me iniciaba en el quehacer periodístico, alguna vez me preguntó: ¿Qué has visto por la calle?, y justo había ocurrido un choque de dos vehículos, algo que se daba de manera esporádica en los 90 en nuestra ciudad, y con la poca información proporcionada, vi como de manera magistral realizaba una nota periodística, desde ahí mi admiración y amistad con mi directora de la radio, maestra y amiga, doña Asunta Terán Reátegui.

Doña Asunta, porque así la llamamos en Chachapoyas y en Lima la conocen más como Victoria, es poseedora de una pluma como ya dije magistral, y una memoria envidiable, por ello a pesar del estado crítico de su salud, ella recuerda cada pasaje de lo ocurrido en su búsqueda de descubrir que la aquejaba, su  evacuación, hospitalización en Chiclayo y posteriormente en Lima, y nos regala este libro titulado “Volver a Nacer”, que fue el mejor título puesto a un testimonio de vida, a un testimonio de lucha contra una terrible enfermedad como es el cáncer al colon.

El libro consta de 124 páginas, 28 capítulos donde Terán Reátegui nos introduce en una historia conmovedora, un relato sencillo, que pese a que algunos conocemos como sucedieron las cosas, aun así la lectura nos atrapa y no permite que dejemos el libro. Yo, lo leí en dos partes, y si tuve que dejarlo fue por cumplir con actividades muy necesarias, pero estuve a la espera de terminar lo más pronto, para volver a coger el libro y culminar su lectura.

En los primeros 5 capítulos la autora de “Volver a Nacer”, nos habla de su vida, del largo tiempo que pasó en Lima, de su gran amor por sus hijas y su lucha por sacarlas adelante frente a la separación de su esposo. Resalta la figura de don Amador Terán Barrantes, padre de la autora, quien asumió la figura paterna de sus hijas, y el amor incondicional de su madre y hermanos, para con las pequeñas Olga y Patricia.

Asunta Terán, nos cuenta orgullosa de la carrera elegida: Periodismo, y realiza una confesión, que su padre quiso que sea diplomática, y que su divorcio truncó esa posibilidad.

Asimismo, cuenta sus inicios en el diario “La Prensa” y el roce que tuvo con destacados periodistas de la época.

Asunta, en su estadía en Lima siempre fue la anfitriona de los amazonenses para colaborar con nuestras autoridades elegidas en sus gestiones en la capital, recibiendo en varias oportunidades a los alcaldes Humberto Marín Jiménez,  y Leonardo Rojas Sánchez por mencionar a los de nuestra provincia. El llegar ser asesora del congresista Alfonso Baella Tuesta, le ayudó mucho para poder tocar puertas y abrirlas a favor del lugar que tanto ama, nuestra querida tierra Chachapoyas, que incluso en los momentos más difíciles de su lucha contra el cáncer pidió que de no sobrevivir, sus restos fueran enterrados en Chachapoyas.

En estos 5 capítulos Asunta Terán nos relata su preocupación, su trajín para conocer qué es lo que está pasando con su cuerpo, que de pronto comenzó a adelgazar, constantes dolores en su estómago y poco apetito para comer.

Asunta Terán seguía trabajando en Chachapoyas, mientras su enfermedad avanzaba silenciosamente, ella se encontraba al frente de un espacio radial “Pinceladas Culturales” en la emisora de la Municipalidad Provincial de Chachapoyas, asimismo, estaba ejecutando un nuevo proyecto: El Directorio de Entidades Públicas y Privadas, y llevaba exitosamente la Feria del Libro a diferentes lugares de Amazonas, una extraordinaria iniciativa que promocionaba la lectura en los escolares. En esas circunstancias y debido a las continuas molestias y malestares, Asunta viaja a la ciudad de Lima a someterse a diversos exámenes médicos.

Estas visitas médicas que buscaban respuestas a sus dolencias, en los dos hospitales capitalinos a los que visitó, no le dieron un diagnóstico certero, sin embargo en ambos hubo personas muy cordiales que la recibieron y atendieron, donde llegaba siempre había alguien que la conocía.

En la pág. 34 la autora indica: Dios estuvo conmigo durante todo el doloroso periplo de mi enfermedad. En la parte crucial siempre me puso a la persona adecuada en el momento adecuado.

Los médicos limeños de los dos hospitales donde se atendió coincidieron que su problema era emocional.

En los 7 capítulos siguientes: Asunta regresa a Chachapoyas y es en nuestra ciudad que un médico detecta  su verdadera enfermedad y su posterior hospitalización en Chiclayo.

Asunta, estaba enferma y ella creía lo que le habían dicho en Lima, que su problema era emocional, y continúo para delante con la edición del Directorio de Inst. Públicas y privadas, nada la detenía y nada anteponía su responsabilidad frente a sus continúas dolencias.

Una fortuita caída en la calle, hace que el médico y ex alcalde chachapoyano, Dr. Enrique Torres Quiroz, logre internarla en Hospital de Essalud de nuestra ciudad, y es ahí que el médico Jorge Mendoza Valdiviezo, descubre que su problema no era emocional sino físico. Es, este médico que ordena una evacuación de inmediato al Hospital Almanzor Aguinaga de la ciudad de Chiclayo. Aquí se inicia las constantes y permanentes visitas a la habitación de la periodista Asunta Terán Reátegui, que luego continuaran en Lima.

Cuando parte la ambulancia, familiares, amigos, colegas, la despiden. Pero sobre todo, Asunta viaja con la bendición de su madre y el abrazo y sollozo de su hermana Elizabeth. En el camino y sorteando dificultades lo espera su hija mayor Olga, quien la acompaña por varios días en la ciudad de la amistad.

Aquí la autora relata al detalle su llegada al hospital costeño y la confirmación de su real padecimiento, cáncer al colón, que en un primer momento le es ocultado, pero como a una periodista no le puedes ocultar nada, ella exige le digan la verdad y se entera de su complicado estado de salud, mostrándose  firme y realista y aceptando que el problema era serio y podía morir.

En la pág. 48 indica: No tengo miedo a la muerte, porque creo que cumplí mi cometido. Mi hija mayor es Magistrada y la otra es Comunicadora Social. El médico tratante replicó: veo una mujer valiente y la felicito señora, usted tiene 2 tumores uno pequeño y otro más grande, y hay posibilidades de que se haya ramificado y comprometido otros órganos como el hígado, los riñones, y se suma el problema que tiene a los pulmones por su adicción al cigarro.

Si ya el cáncer detectado era bastante, ahora Asunta Terán tenía que lidiar con una tos que se contagió en el mismo hospital. Y la orden médica era la operación del tumor de manera inmediata.

En ese trajín llega su segunda hija Patricia, quien es periodista de profesión y según la autora es la más parecida a ella, aunque patricia no esté de acuerdo con esta afirmación. Fue el carácter de Patricia y su férrea convicción en querer llevar a su madre a Lima para ser operada ahí, debido a la recomendación de amigos médicos, y vaya que lo consiguió.

En esta estadía en Chiclayo, recibió muchas visitas de familiares, paisanos y residentes de la ciudad de la amistad. Y por supuesto agradece los generosos apoyos que recibió y que le hizo derramar muchas lágrimas. Todas estas muestras de solidaridad fueron bien merecidas, puesto que cuantas veces ella organizó colectas, actividades a favor de tantas personas y muchas causas.

Los capítulos de la 08 a la 10 se resume en la frase de su hija Patricia: Vieja acá no te dejo te llevo a lima…

Aunque Asunta, se mostró reacia en un primer momento en querer viajar a la ciudad de Lima para ser operada, fue su hija patricia quien estuvo plenamente convencida que lo mejor era llevársela a la capital, e inició las conversaciones con todos los que podían ayudar para su traslado. Justo en eso, Olga Bobadilla, la hija mayor hace conocer a la familia de un seguro oncológico que pagaba hace 5 años, y que significó la oportunidad para que Asunta siga con vida. Ello motivo a patricia a seguir con el plan de llevarse a su madre a Lima y esta vez con la posibilidad de hospitalizarla en una clínica prestigiosa, gracias al seguro oncológico de Rímac.

En la pág. 56, la autora señala: “Digo y me ratifico que Dios estuvo conmigo en todo momento”

Mientras se realizaban los trámites, Asunta seguía recibiendo llamadas telefónicas y visitas.

A patricia le costó realizar los trámites de traslado, e intervinieron en ellos tantas personas amigas de la autora, como un humilde vigilante del Hospital Almanzor Aguinaga, que quizá sin saberlo desde su posición, fue de gran ayuda para concretizar su evacuación.

Del capítulo 11 a la 23, la autora nos relata su internamiento en la clínica Ricardo Palma, su preparación, la intervención quirúrgica, su paso incierto por la Unidad de Cuidados Intensivos y las innumerables visitas que recibió.

Con un estado de salud débil, pero con la esperanza de sobreponerse a la enfermedad llega a la clínica Ricardo Palma y es recibida de manera casual pero muy oportuna por el prestigioso Médico Oncólogo Wilbert Rodríguez Pantigoso, médico que fue profesor de una de la mejores amigas de Patricia Bobadilla, la también médico Patricia Saavedra, quien desde Lima coordinaba y apoyaba en todo lo que podía.

Desde ahí comenzó otra historia en la vida de Asunta, exámenes médicos permanentes, y la preparación para una operación de alto riesgo. Yo creo que a pesar del padecimiento de la enfermedad, y de los muchos días postrados, y si bien contaba con lo último en tecnología, controlaba de manera digital los movimientos de su cama, tenía un televisor personal con más de 200 canales, atención personalizada cada media hora. Lo que hizo soportable su estadía, fue los más de 500 visitantes que recibió.

En la pág. 78 la autora dice: “mi habitación siempre estaba con gente, desde muy temprano hasta altas horas de la noche llegaban a visitarme, gracias de todo corazón”

Llegaban amigos de Lima, Chiclayo, Chachapoyas, y recibía llamadas telefónicas de amistades de diversas partes del mundo.

Curiosamente cuando a visitarla su hna. Elizabeth, con la que poco se comunicaban en Chachapoyas. De pronto Elizabeth presentó repentinos dolores en el vientre,  fue atendida por los médicos de la clínica y operada de inmediato de la vesícula y hospitalizada en la cama contigua de su hermana, ahí tuvieron suficiente tiempo para charlar,  acompañarse y ponerse al día.

La preparación operatoria exigía que Asunta suba de peso para resistir la intervención y fue alimentada mediante un catéter por la yugular.

En Chachapoyas, Lima, Chiclayo, se realizaban oficios religiosos a su nombre, con el único deseo de que pueda resistir y sobreponerse a la delicada operación.

La presencia del padre Juan Rimachi Montoya, quien le ungió con los santos óleos, fue quien ayudó a acrecentar su fe y ponerse en manos de dios.

En el capítulo 16: titulado: Pastor de Almas, Asunta Terán dice: “no tienen ustedes la idea de la inmensa tranquilidad que invadió mi espíritu, como todo ser humano hasta antes de ese momento tenía una lucha con migo misma  generada muchas veces por cosas que no valen la pena. Ningún bien material vale la pena atesorar cuando uno abandona este mundo y es llamado por el señor”

Asunta Terán, ingresó al quirófano un 08 de febrero, fecha en que años antes se convirtió en madre por primera vez. Familiares y amigos se quedaban afuera del quirófano, dándole fuerza y ánimos, no hay duda que en esos días era la paciente más visitada, y no faltó alguno de la clínica que comenzara a preguntar ¿quién es la señora que tanto la visitan?

Luego de 6 horas, salió de la sala de operaciones y fue trasladada de inmediato a la Unidad de Cuidados Intensivos, la operación había resultado exitosa, de ahí fue trasladada al piso 06 donde se encuentran las personas con cáncer y pese a su estado débil, comenzó nuevamente a recibir visita. Hasta que se infectó con una bacteria y de inmediato fue aislada y llevada a nuevamente a la Unidad de Cuidados Intensivos. Este fue el momento más difícil, ya que decayó tanto y estuvo inconsciente por varios días. Aquí Asunta cuenta que algunas personas burlaban la vigilancia y llegaban a verla, se persignaban y se iban. Nadie daba un buen pronóstico favorable al verla en ese estado, es por ello que algunos en algún momento hasta dijeron que había fallecido.

Si lo que escuchan conmueve, Asunta no puede contarlo todo tan serio y es así que con ese humor fino que la caracteriza en la página 83 cuenta:

“siempre me visitaban mis amigas de la promoción del colegio, dos de ellas luego de verme en la unidad de cuidados intensivos, se dirigieron al santuario de las nazarenas en donde se venera al cristo moreno, Charito Villacrez Santillán imploraba una nueva oportunidad para mí, mientras que Mechita Mas Villacorta pedía a nuestro señor que me lleve a su lado”

Felizmente nuestro señor escucho a la primera.

A los 10 días de estar aislada y sin despertar, corrió una nueva noticia del fallecimiento de asunta. La clínica se llenó de gente, pero esa noticia falsa de toda falsedad reunió a muchas personas que fueron testigos del despertar de un sueño, de días dolorosos y una incertidumbre que vivieron sus familiares y amigos.

Luego de superar este difícil trance, la salud de Asunta fue evolucionando satisfactoriamente y cuenta su inicio de las sesiones de quimioterapia que hasta hoy lo viene recibiendo.

En la pág. 86 la autora señala:

“Me encuentro tranquila y en paz conmigo misma. Estoy rodeada de todo lo que necesita un enfermo. No puedo salir mucho a la calle, cuando lo hago tengo que estar acompañada de alguien, no puedo movilizarme sola, no tengo estabilidad en las piernas…pero estoy viva y con ganas de seguir viviendo…solamente se vence el cáncer después de 7 años, estoy en ese camino…y estoy feliz de haber conocido la bondad de nuestro creador encarnado en muchos de sus hijos que están todo el tiempo a mi lado”

Los capítulos 24 y 25, Las hijas de Asunta Terán cuentan su historia

Ambas con su estilo y personalidad, pero con el mismo y gran amor  a su madre relatan cómo vivieron esos momentos difíciles, y confirman lo que se escucha en otras experiencias, el cáncer no sólo afecta a la persona, sino a la familia.

Olga, con su calma, serenidad y previsión, en un momento que hoy agradece, tomó el seguro oncológico. Cuando acompañó a su madre a la ciudad de Chiclayo, nunca le mencionó de ello y relata toda la ayuda que recibió en la Fiscalía Provincial de Celendín donde trabajaba, para poder estar al lado de su madre.

Patricia, la hermana menor, confiesa en “volver a nacer” no ser tan parecida a su mamá como todos dicen y creen. Cuenta en 15 páginas toda la odisea vivida para llevarse a su madre a Lima, que para lograrlo, todo estuvo en su contra y hasta la autora de este libro, primero no estuvo de acuerdo.

Es un relato franco, sincero y bien contado, que incluye algunas informaciones que bien podrían ser llevadas al debate sobre la salud pública en nuestro país. Narra su propósito de llevarla de Chiclayo a Lima, y hasta logra obtener documentos negados en el hospital… bueno Patricia, recordemos, también es periodista como su madre.

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Este es el primer libro escrito por Asunta Terán Reátegui, antes hemos leído, escuchado, algún artículo o editorial de noticias. La hemos visto dirigir medios impresos, radiales, televisivos y editar diversas publicaciones, con una habilidad para la redacción, la improvisación, y los discursos, con tantas cualidades ya era hora que nos regale un libro…

Si tuviera que de algún modo  definir a “Volver a Nacer”  diría que es un libro, que nace de una necesidad contraída, de una lucha por la vida, de un reto a la muerte donde la vida sale airosa. De una gratitud eterna a quienes estuvieron en los momentos donde el ser humano necesita de una mano amiga.

A pesar de lo difíciles momentos, tal y como es Asunta, ella juega y no quiere que todos la compadezcan y más bien ironiza los hechos y se burla de la muerte.

Volver a Nacer, es la historia de una persona no afortunada, sino bendecida, bendecida por la vida, bendecida por su trabajo, un trajinar probo, y el cultivo de sus amistades que florecieron cuando ella los necesito.

Volver a Nacer, es el libro que no se reproduce con fines comerciales, sino con la finalidad de ayudar a otras personas que padecen de esta enfermedad. Hasta estando enferma Asunta Terán no deja de preocuparse por el prójimo.

Su Volver a Nacer, es una nueva victoria, dentro de la muchas conseguidas… la vitalidad se revela no solamente en la capacidad de persistir sino en la de volver a empezar.

Volver a nacer es una oportunidad que ella agradece a Dios, un volver a nacer con su familia, con sus hijas, con sus amigos y hasta con sus enemigos !!!

Muchas gracias  !!!

 

 

 

 

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